Cindykat.

domingo, 15 de septiembre de 2013

EL DÍA QUE NIETZSCHE LLORÓ




Película que se remonta a finales del siglo XIX en la ciudad de Viena, dirigida por Pinchas Perry e inspirada en la novela de Invin Yalom, es una historia de ficción que relaciona una pequeña parte de la vida del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, el reconocido médico austriaco Josef Breuer, y el psicoanalista Sigmund Freud. Igualmente hace mención al destacado compositor alemán Richard Wagner, el filosofo Paul Rée y la escritora Lou Andreas Salomé.

Se funda una amistad entre Nietzsche y Josef Breuer, luego de que Lou Andreas Salomé acudiera a Josep para pedirle que evitara la muerte de Nietzsche, quién padecía de una enfermedad muy fuerte acompañada de una desesperanza por la vida, Salomé se siente culpable al no corresponder al “amor” de Nietzsche, quién le había propuesto matrimonio.

Salomé es una mujer seductora, intelectual, una mujer que le gusta la filosofía y se siente atraída por la teoría de Nietzsche “Dios ha muerto”, desde la primera vez que lo escuchó dictando una clase de filosofía queda algo inquieta, lo que conduce a un acercamiento entre ellos dos. Con el transcurso de los días, las charlas, las clases y las salidas a pasear, motiva que Nietzsche sienta atracción, pero esta circunstancia genera una propuesta de matrimonio inesperada.

Salomé empieza a recibir cartas de desprecio y odio, cómo si el hecho de haber compartido con él y luego haber rechazado la propuesta, la hubiera convertido en una “mala” mujer. Al presentarse esta situación, ve la necesidad de acudir al reconocido doctor Josef Breur, y le pide el favor de ayudar a Nietzsche, quién sufría de fuertes dolores de cabeza y un terrible quebranto emocional.

Josef Breur era un prestigioso doctor, gran amigo y catedrático del joven Sigmund Freud; quien estaba muy interesado por el estudio del psicoanálisis.

Breur acepta la propuesta y empieza a encontrarse con Nietzsche, estos encuentros cada vez se hacen más constantes, generando una relación muy estrecha a pesar de las diferencias y las discusiones controversiales que se presentaban, sus vidas se van entrelazando y cada uno termina convirtiéndose en un factor muy importante del otro para tratar de encontrar las respuestas de su sin sabor.

Nietzsche sufría en silencio, era un hombre solitario que se aislaba y se recluía en su filosofía, aspiraba a una trasformación de las conductas del hombre, sentía que debía demostrar la irrealidad de las formas humanas. Claramente sentía insatisfacción por su entorno, que solo le mostraba ideologías, normas, principios morales que no encajaban con el sentir-pensar, que el amor se había convertido en una utilidad y que la conducta se anclaba a las necesidades expresas del hombre, pero necesidades externas, superfluas, más no las internas.

Josef termina siendo el paciente de Nietzsche, pues éste le había enseñado a cuestionarse por todo, a pensar en la libertad, a imaginar un camino que se pudiera conectar con su sentir-pensar, a transformar el sufrimiento producto de esas ataduras, obsesiones y creencias, a no sentirse mal por desear otra mujer pero al mismo tiempo a dejarla libre pues su ceguera no le permitía disfrutar del placer compartido.

Varias noches de horribles pesadillas e insomnio fue el preludio de Josef para descubrir que esa insatisfacción que sentía por su vida, la podía transformar en felicidad, llegó a la conclusión de que nunca había sido libre, que se hacía viejo y lo único que le invadía su mente eran las responsabilidades.

Nietzsche provoco en ese hombre un replanteamiento de toda su vida, el tenía dos opciones, dejar todo de lado al sentir que vivía en una completa cárcel y comenzar de nuevo, o por el contrario seguir viviendo la vida que llevaba, pero si nunca se hubiera cuestionado sobre su vida no hubiera descubierto el significado de la libertad.

Replantearse la vida es una acción de valientes, poder pensar si lo que se está haciendo en el momento es lo correcto, es válido, es lo que contagia el alma de alegría y satisfacción, es una batalla más fuerte que cualquier otra, pues se trata de una batalla con mi yo, no se trata de hacer y hacer cosas en medio de una sociedad para demostrar que se es exitoso, adinerado, brillante, demostrar un comportamiento “moral” impuesto por las leyes, las ideologías y la religión, armas que han fusilado la libertad del pensamiento para condicionar conductas encaminadas a intereses nefastos e individualistas.

Si usted se detiene unos cuantos segundos a escuchar y observar, la mayoría de nosotros los humanos poseemos problemas muy similares, siempre nuestras preocupaciones son de dinero, prestigio, relaciones afectivas, trabajo, insatisfacción por lo que hacemos, estudio, etc. En eso se ha transformado el diario vivir, todos los días son iguales, en busca de un trabajo cada vez mejor, una casa más grande, una pareja “perfecta” y seguimos y seguimos en esa lucha que nunca sacia los vacios, porque es tan vaga, esas aspiraciones están ahí puestas y todos vamos como en una pista de carreras a obtener el premio, pero una vez lo obtenemos seguimos igual de infelices o con una sonrisa falsa porque nada es suficiente, siempre se quiere más y más, pero qué hay en nuestro interior, en lo que apasiona al hombre y la mujer, lo que hace danzar, cantar, amar, qué es eso que remueve el interior, que eleva el espíritu.

Pienso que se debe recapacitar en un estilo de vida distinto, en donde cada uno sea el dueño de su vida y pueda hacer lo que desee, soñar y alcanzar las aspiraciones, pero hablo de esas aspiraciones que están ahí empujando el cuerpo y el corazón a actuar, esas donde habla el interior y no lo exterior, es un reto, los humanos no estamos acostumbrados a sentirnos dueños de nuestra vida, desde el nacimiento se nos ha impuesto reglas, normas, conductas, incluso el nombre es una elección de terceros, pero siento que es transcendental ir a la montaña y encontrarse con Zaratustra, estar un tiempo aislado de todos estos vicios que contaminan el alma, poder escuchar esa voz interior y si es necesario volver a empezar, es humano cometer errores, la vida es una oportunidad maravillosa, es necesario tomar las riendas del camino, pero para eso, antes se debe escuchar ese interior que esta silenciado, encarcelado, maltratado.

Como le decía Nietzsche a Josef, “no puedo decirle como vivir una nueva vida, de hacerlo, usted aún viviría según el deseo de otros, pero puedo darle un obsequio, quizá pueda darle un pensamiento: ¿qué sucedería si un demonio le fuera a decir que esta vida como la vive ahora, como la vivió en el pasado, deberá vivirla otra vez, incontables veces más, no tendría nada de nuevo, cada dolor, cada alegría, cada detalle o cosa importante se repetirá en su vida, la misma sucesión, la misma secuencia, una y otra vez como el reloj de arena del tiempo, imagine la infinidad, considere que cada acción que elija, la elige para toda la eternidad, entonces toda la vida sin vivir quedaría dentro de usted, sin vivir para siempre”.

Cindy Forero