Cindykat.

viernes, 6 de abril de 2012

AURORA


   Abracé a la aurora del verano.
   Nada se movía aún en la faz de los palacios. El
Agua estaba muerta. Los campos de sombras
No abandonaban el camino del bosque. Anduve, y despertaron
Los hálitos vivientes y tibios, y las piedras preciosas 
miraron, y las alas se alzaron din ruido.
   La primera aventura fue, en el sendero ya henchido 
de frescos y pálidos destellos, una flor que me dijo
Su nombre.
   Reí al salto de agua rubio que se desgreñó
A través de los abetos: en la cima plateada reconocí 
a la diosa.
   Entonces retiré uno a uno los velos. En el camino,
Agitando los brazos. A través de la llanura, donde 
la denuncié al gallo. En la gran ciudad, ella huía 
entre los campanarios. Y las cúpulas, y yo la perseguí
corriendo como un mendigo sobre los muelles
de mármol.
   En lo alto del camino, cerca de un bosque 
De laureles, la rodeé con sus velos amontonados y sentí
Algo de su inmenso cuerpo. L aurora y el niño cayeron
 Al pie del bosque.
   Al despertar era mediodía.

Arthur Rimbaud