Cindykat.

miércoles, 4 de abril de 2012

Una tarde de abril


En lo alto me siento a observar la tarde. Un sinfín de recuerdos y deseos se posan en  mi mente mientras el viento me distrae de la soledad Y  el silencio acalla mi tristeza.  Sola,  Fumando en las alturas sin pronunciar palabra, tus ojos y la incertidumbre palpitan en mi corazón. Todo ha terminado. El fin de mi existencia se aproxima al no encontrarle razón a mi vivir. Me encuentro hundida en la miseria, mi alma es pobre y sin razón. A lo lejos me observan con temor, no es locura, no es tristeza, no es soledad, es el temor a seguir viviendo en la mentira de mis días. Azul, verde y nubes es lo que observo,  pero más allá de la distante estrella del norte,  vago sin pronunciar palabra.  No eres  tú, no es ella, no es el mundo, soy yo mi más brioso enemigo que  perturba sin razón las tardes. Me levanto, trepo una escalera, me siento en un trozo de tronco, trato de sentir el mundo  y sin lograrlo, sigo dando pasos como humano  con alma de vagabundo, aquel  que vive en medio de la mentira,  mi mentira, mi sufrir, mi desesperanza, mi dolor.  Ruego al cielo me conecte al universo y me aleje para siempre de este limbo que me absorbe y me absorbe sin piedad. Un infierno me invade en este frió mundo de supuesta alegría. Ahora se hace de noche y me siguen observando,  yo sigo aquí pensando en cómo huir de todo,  Botar todo a la marea,  volar si fuese posible,  morir si me condujere a la paz que tanto deseo. ¿Cómo hago para socorrer este viacrucis y ser feliz? De nuevo me perturban y aniquilan el escrito de  mierda. ¡Qué miseria!, aborrezco esto, ayúdeme quien pueda, pero sé que soy solo yo mi salvación,  entonces he muerto en vida para siempre Por siempre.