En lo alto me siento a observar
la tarde. Un sinfín de recuerdos y deseos se posan en mi mente mientras el viento me distrae de la
soledad Y el silencio acalla mi tristeza.
Sola, Fumando en las alturas sin pronunciar palabra,
tus ojos y la incertidumbre palpitan en mi corazón. Todo ha terminado. El fin
de mi existencia se aproxima al no encontrarle razón a mi vivir. Me encuentro hundida
en la miseria, mi alma es pobre y sin razón. A lo lejos me observan con temor, no
es locura, no es tristeza, no es soledad, es el temor a seguir viviendo en la
mentira de mis días. Azul, verde y nubes es lo que observo, pero más allá de la distante estrella del
norte, vago sin pronunciar palabra. No eres
tú, no es ella, no es el mundo, soy yo mi más brioso enemigo que perturba sin razón las tardes. Me levanto,
trepo una escalera, me siento en un trozo de tronco, trato de sentir el mundo y sin lograrlo, sigo dando pasos como humano con alma de vagabundo, aquel que vive en medio de la mentira, mi mentira, mi sufrir, mi desesperanza, mi
dolor. Ruego al cielo me conecte al
universo y me aleje para siempre de este limbo que me absorbe y me absorbe sin
piedad. Un infierno me invade en este frió mundo de supuesta alegría. Ahora se hace
de noche y me siguen observando, yo sigo
aquí pensando en cómo huir de todo, Botar
todo a la marea, volar si fuese posible,
morir si me condujere a la paz que tanto
deseo. ¿Cómo hago para socorrer este viacrucis y ser feliz? De nuevo me perturban
y aniquilan el escrito de mierda. ¡Qué
miseria!, aborrezco esto, ayúdeme quien pueda, pero sé que soy solo yo mi
salvación, entonces he muerto en vida
para siempre Por siempre.